The times they are a-changing


Piensa en esto:

(Hay un vídeo de la canción al final del post. Te aconsejo que la escuches mientras lees la letra y que después vuelvas a leerla una y otra y otra vez.)


Come gather round people wherever you roam

And admit that the waters around you have grown

And accept it that soon you´ll be drenched to the bone

If your time to you is worth saving

Then you better start swimming or you´ll sink like a stone

For the times they are a-changing



Come writers and critics who prophesice with your pen

And keep your eyes wide, the chance won´t come again

And don´t speak too soon for the wheel´s still in spin

And there´s no telling who that it´s naming

For the loser now will be later to win

For the times they are a- changing



Come senators, congressmen, please heed the call

Don´t stand in the doorway, don´t block the hall

For he that gets hurt will be he who has stalled

There´s a battle outside and it´s raging

It´ll soon shake your windows and rattle your walls

For the times they are a-changing



Come mothers and fathers throughout the land

And don´t criticise what you can´t understand

Your sons and your daughters are beyond you command

Your old road is rapidly aging

Please get out of the new one if you can´t lend your hand

For the times they are a-changing



The line it is drawn, the curse it is cast

The slow one now will later be fast

As the present now will later be past

The order is rapidly fading

And the first one now will later be last

For the times they are a-changing







Divagación acerca del arte del siglo XX




Estudiar los movimientos artísticos del siglo XX es tremendamente inspirador. Contemplar la sucesión de estilos artísticos y ubicarlos en un contexto determinado permite una comprensión mayor, no tanto sobre sucesos históricos concretos como acerca de las actitudes humanas ante estos sucesos que conformaron un clima social determinado. Porque, aunque la obra de un artista no retrata la situación de una sociedad sino más bien una visión propia sobre lo que le rodea, el "genius loci" forma parte del artista y el artista forma parte de este.

A principios del siglo XX comienzan las corrientes de vanguardia con la intención de romper con el academicismo artistico que pretendía la representación fiel de la realidad. La aparición en escena de la fotografía y el cine impulsará la negación de la tradición artística y a partir de esta, el arte se convierte, al menos así lo entiendo yo, en una manifestación de la visión del artista ante la vida y por tanto en una vía de autoafirmación.

Resulta muy interesante observar cómo los movimientos que se fueron sucediendo en este siglo no son independientes entre sí, sino que son el resultado de una concatenación de técnicas que evolucionan, de reacciones de unos movimientos contra otros o de la superación de una forma artística anterior. De este modo, el Expresionismo puede considerarse una superación del Fauvismo porque, aunque conserva en muchos casos la técnica colorista carente de perspectiva que caracteriza a este movimiento, evoluciona con la introducción de la expresión de los sentimientos del artista en la época previa a la Primera Guerra Mundial. Esto va a desembocar, por un lado, en la plasmación de una visión trágica de la vida que llevará a la distorsión de la realidad representada y por otro lado, en la negación de la realidad a través del desarrollo de los movimientos de abstracción y de la pintura surrealista.
Además, el desarrollo del arte tendrá a partir de ahora una dimensión intelectual, en muchos casos ligada a las filosofías existencialistas de Nietzsche o Shopenhauer y a la teoría psicoanalítica de Freud, ejemplo de esto es la Pintura Metafísica de Chirico, el Dadaísmo con Duchamp como máximo representante y el Surrealismo de Dalí.

Todo esto para concluir con la famosa tesis de Gombrich que dice que "no hay arte, hay artistas". Es decir, que cada manifestación artística es propia del lugar y del momento en que se desarrolla y del individuo que la ejecuta. Lo que, en mi opinión, nos puede dar nociones acerca del pasado y en relación con el momento actual.

Caperucita y el lobo machista

Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado por XLSemanal el 30-5-2010

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado El pequeño hoplita –un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente– le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina –su número impar complica además el asunto–, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con La soldadita de plomo y ploma; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF –Unidad Legionaria Femenina Feroz–, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: Caperucita Roja. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia –dice– contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

Hojas en blanco


Uno de mis pensamientos favoritos, que siempre me acompaña cuando me pongo a escribir unas pocas líneas como estas, es la aventura que supone enfrentarse a una hoja en blanco.

Es una mezcla de pánico y emoción ante un mundo de posibilidades, lleno hasta los topes de cosas que quieres decir y que configuran en tu mente una unidad abstracta que tienes que esculpir para que adquiera sentido sobre el limitado espacio en blanco.


Yo, en estas ocasiones, suelo recurrir al buen consejo que el maestro da a su pupilo en la película "Finding Forrester". Alguien me lo recordó una vez cuando le conté este pensamiento, que estaba suponiendo entonces para mi una frustración. Lo he adoptado y quiero compartirlo con vosotros para que cuando estéis en esta situación os digáis a vosotros mismos "just write", "just draw" ... ¿tendrá razón Nike? ¿Just do it?




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Sudáfrica

Como no puede ser de otro modo en este mes, las mentes de todo el país están centradas en Sudáfrica. País sobre el cual, antes del mundial, la gente sabía poco o nada y que parece ser ahora uno de los temas a tratar en todos los periódicos. Parece que la gente parece vuelve a darse cuenta de la pobreza que arrasa el continente africano, ¿pero durará esto más allá del 11 julio?

Hoy es el aniversario de uno de los hitos que marcó los comienzos del apartheid en Sudáfrica. Hace hoy 34 años, miles de estudiantes salieron pacíficamente de las escuelas de Soweto con la intención de llegar al Orlando Stadium. ¿Por qué protestaban? Por la igualdad, porque gobierno había decidido suprimir las clases de inglés para los estudiantes negros y que se ensenara sólo en afrikáner. Esta sería la penúltima ley antirracista en el país.

Mientras los estudiantes caminaban pacíficamente cantando a una sola voz “Oh Dios, salva a nuestra nación”, la policía responde con granadas de gases lacrimógenos y disparos, dejando centenares de muertos y heridos.

Mientras leía este artículo en El Mundo, me he acordado de una película que vi hace unos años y que recomiendo a mucha gente, se llama Diamantes de Sangre. El largometraje habla sobre la explotación del pueblo de Sierra Leona a manos de unos guerrilleros, que conseguían su dinero vendiendo diamantes al mundo occidental. La película se centra en la familia Vandy: el padre saca diamantes de las pozas, el hijo pasa a formar parte de las filas guerrilleras (después de que le laven el cerebro) y la madre y hermanas son llevadas a un campo de refugiados. Como esta historia hay miles en toda África, algunas que sabemos y otras que no.

¿Cuál es el problema de todas estas películas y documentales? Que salimos llorando del cine, con una frustración para la cual no encontramos cauce, y al final lo único que sabemos hacer es escribir algo o recomendar la película. ¿Por qué no hacemos más? Por lo de siempre, porque pensamos: “Yo solo no puedo hacer nada”.

Me ha asaltado ese pensamiento al empezar a escribir, pero he pensado: “No, esta vez no. Esta vez escribo”. Por los millones de niños que en estos días están muriendo de hambre en la misma ciudad donde imponentes equipos se juegan el reconocimiento mundial, por la injusticia que todavía se lleva a cabo en esos países, por los problemas raciales, por las explotaciones de los europeos en este continente, por las miles de historias que se asemejan a la de los Vandy.

Pero ante todo escribo esto porque pienso que lo que yo haga, por pequeño que sea, puede contribuir un poco a mejorar la situación. Este es el motivo por el que empezamos este blog y esta revolución.