Mostrando entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas

Y también dos huevos duros


Me he sentado un rato a construir oraciones sin pensar en nada, tampoco en las palabras que escribía, pero el ejercicio ha resultado inútil, probablemente porque era absurdo, y el texto se ha llenado de sentido. No ha salido como yo esperaba y eso no es bueno ni malo, es incómodo. Entonces me he hecho "dueña del lugar y de la situación" y he decidido escribir algo sobre Groucho Marx porque el otro día de pronto, me vino a la cabeza este hombre genial.

Creo que en manos de Groucho el humor se convierte en una clase de arte. Su ingeniosa forma de reirse de todo te permite entrever una visión incrédula y desconfiada de la vida, convirtiéndose en una magnífica forma de expresión.

Groucho nació en una familia judía de cinco hermanos, dos de ellos, Harpo y Chico, formaron con él el grupo de los hermanos Marx. De los tres Groucho fue el mejor. Charles Chaplin le dijo una vez: "Me gustaría poder hablar como tú en pantalla" y Groucho lo consideró el mejor cumplido que le habían hecho nunca.

Se casó tres veces y se divorció otras tantas, lo que te hace comprender su rechazo al matrimonio y chistes como este: "Me casé en un juzgado. Tendría que haber pedido un jurado."

Groucho padecía de insomnio, enfermedad que le atormentaba por las noches y le hizo decir cosas como esta: "Durante mis años formativos en el colchón me entregué a profundas cavilaciones sobre el problema del imsomnio. Al comprender que pronto no quedarían ovejas que contar para todos, intenté el experimento de contar porciones de oveja en lugar del animal entero". Esta cita me divierte mucho.

Groucho era un voraz lector, era sabido su amplio conocimiento literario y su correspondencia con gigantes literatos como T.S.Eliot y Carl Sandburg. Dijo: "Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro, está demasiado oscuro para leer".

Hizo ganar prestigio y mucho dinero a la industria tabacalera que lo tenía como un valioso prescriptor. Cuando su hijo una vez le preguntó si le enfadaba que hubiese fumado, él le contestó: "En absoluto. Fumar no te hará daño. He fumado durante años y excepto porque me hace sentir terriblemente mal todo el tiempo no me ha dañado nada."

Creo que Groucho se caracterizó también por su afan de contradicción. Se dice que una vez dijo: "bebo para hacer interesantes a los demás."Sin embargo, Groucho no era bebedor, sólo lo fue en los días en que se aprobó la ley seca.

La habilidad de Groucho para jugar con las palabras con rápido ingenio consiguiendo sentidos inesperados me hace sentir gran admiración hacia él. Aunque tenía una fuerte inclinación a lo sexual, Groucho nunca fue un humorista grosero ni tosco y de algunos de sus chistes más picantes era más notoria la inteligente ocurrencia que su contenido burdo. Eso me gusta de él, porque los chistes groseros no me hacen ninguna gracia pero las ocurrencias extravagantes y divertidas en mentes como la de Groucho, me hacen mucha.

Otras citas que me divierten mucho:

"Citadme diciendo que me han citado mal".

"Creo que la televisión es muy educativa.Cuando alguien la enciende me voy a leer un libro".

"Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien".

"Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, es realmente un idiota."(impresionante.)

"He pasado la mejor noche de mi vida, pero no ha sido esta."

"Hoy no tengo tiempo para almorzar, traiga la cuenta".

"No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo".

"No reirse de nada es de tontos, reirse de todo es de estúpidos."


Os aconsejo que veáis "Una noche en la Ópera". Me gusta especialmente la escena de la cena. La tenéis en You Tube. Os dejo otra escena muy buena, también de esa película.

>http://www.you

tube.com/v/d9JaykwWpFg?fs=1&hl=es_ES"


Caperucita y el lobo machista

Artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado por XLSemanal el 30-5-2010

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado El pequeño hoplita –un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente– le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina –su número impar complica además el asunto–, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con La soldadita de plomo y ploma; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF –Unidad Legionaria Femenina Feroz–, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: Caperucita Roja. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia –dice– contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.